domingo, diciembre 03, 2006

An elseworlds of DC Universe: Roswell 1947 Capítulo Seís

Smallville, Kansas
18:30. Miercoles 18 de septiembre de 1957

-¡¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!

Clark no podía contener la emoción. ¡¡Lana lo había besado!!. ¡Y vaya beso!. Llevaba soñando con aquello desde el primer día que conoció a lana en clase. Era guapa y pecotosa. Pelirroja. Nunca había visto un pelo tan bonito. Cuando le hablo, Clark pensó que estaba oyendo la voz de los ángeles. Cuando le dio la mano por primera vez, Clark pensó que podría saltar tan alto, que alcanzaría las estrellas y le robaría una al cielo, para dársela a su pequeña princesa. Estaba tan contento que no se percato que cada vez corría más rápido. Iba dejando un rastro de mazorcas de maiz dobladas. No conseguía oir nada. Como siguiera tan rápido es posible que se incendiarán los campos de Maíz. Recordaba las explicaciones de su padre sobre evitar utilizar sus poderes con frecuencia, y los riesgos que podía correr si alguien lo veía. Le gustaba utilizarlos para ayudar a su padre en la granja. Facilitaban el trabajo pesado de todos los días. Pero su padre insistía en recordarle que debía tener cuidado.

Pero aquel día, era demasiado feliz. La felicidad no le cabía en el cuerpo. Era tan feliz que creía poder volar. Así que decidió saltar. Se elevo por encima de los campos de maíz. Vio el valle entero. Todo lleno de plantaciones. Al fondo podía ver Metrópolis. Cayo al suelo y siguió corriendo. Cogió más impulso y salto de nuevo. Esta vez creía que se iba a salir de la tierra. Consiguió vislumbrar un depósito de agua. Era tremendamente alto. Pero esta vez lo conseguiría. Dejo que la gravedad hiciera el resto. Aceleró todo lo que pudo y saltó. El momento fue eterno. Estaba volando. Su sonrisa no le cabía en la cara. Aterrizó sobre el depósito. El golpe lo desequilibró un poco, pero consiguió sujetarse. Se sentó. Inspiró profundamente y de su boca brotó una risa espontánea, llena de alegría y optimismo. La vida le sonría. No podía pensar que hubiera nada mejor. Giró la cabeza en dirección a su casa. La vio a lo lejos. Se recortaba contra un anochecer que lo inundaba todo de colores rojizos y violetas. No podía creer que este mundo fuera tan hermoso. Se levantó, y bajo de un salto. Aterrizo en el suelo y se dispuso a ir andando tranquilamente a su casa.

Smallville, Kansas
18:30. Miercoles 18 de septiembre de 1957

-¿Qué aspecto tiene el chico?- pregunto Luthor mientras miraba por los prismáticos, e intentaba ver el cruce de carreteras.

-El de cualquier granjero de Kansas- Napier casi escupía las palabras. Se quitó las gafas de sol que llevaba y miró a Luthor.- Cualquiera diría que es oriundo de Smallville. Lo que no me explico es como puede ser el ser más increíble de este jodido planeta, un simple granjero de Kansas.

-Es el disfraz perfecto, Joker. Llevamos más de 10 años buscándolo y no lo hemos encontrado hasta ahora. Esa maldita pareja le han enseñado bien. La disciplina es uno de los principios básicos en la formación de los jóvenes. Será fácil dominarle. Subyugarle. Por cierto, ¿Qué habilidades ha demostrado?

-Los técnicos, llevan más de dos semanas de observación. Queríamos asegurarnos bien esta vez. Aún recuerdo el fiasco de aquel chico que atraía los rayos. –Joker agacho la mirada. No le gustaba mucho pensar en sus fracasos.

-Si, yo también lo recuerdo.-la cara de Luthor se tornó en una mascara de rabia. Aquel fue otro de sus más sonoros fracasos. El chico era especial, pero nadie consiguió saber porque. Parecía cosa de magia. En aquellos momentos, los restos del chico estaba diseminados en frascos con fermol.- Prosigue.

-Bien, hemos podido comprobar que tiene super-fuerza, super-velocidad, su resistencia también es bastante considerable. Y algún técnico afirma que puede estar desarrollando un oído altamente fino. En alguna ocasión parecía que nos podía oír. Se giró un par de veces hacia nosotros. Vamos un super-oido. Todo lo tiene super. Hay un científico que esta hablando incluso de que su aliento podría llegar a congelar las cosas. Se lo imagina, que poder más estúpi…

-¿y volar? ¿puede volar?- disparó Luthor, mientras miraba directamente a los ojos de aquel monstruo que era el Joker. La pregunta llevaba rondandole desde que vio aquella nave en aquel quemado campo de maíz.

El Joker aguantaba la mirada con una sonrisa maquiavélica en su rostro. Era el único ser vivo, que no apartaba los ojos. Era como mirarse en un espejo. Como mirar al abismo.

-Por ahora no. Pero es posible que en un futuro sea capaz de hacerlo.


Smallville, Kansas
18:30. Miercoles 18 de septiembre de 1957

Llevaba más de 3 horas tumbado sobre la colina. La misma posición. Empezaba a refrescar. La capa de camuflaje que le cubría todo el cuerpo, no le proporcionaba demasiado calor. Daba igual. No sentía ni frío ni calor. Solo existía la misión. Y no podía fracasar. Ajusto una vez más la mirilla del rifle. Era largo y pesado. Estaba apoyado para que el disparo fuera preciso y perfecto. No podía fallar. Producía un ruido sordo. Casi un silbido. Los técnicos habían conseguido eliminar las vibraciones. Decían que tenía un alcance de 25 Km. En las pruebas, consiguió acertar en el blanco a 10 Km y medio. Suficiente. Nadie lo había superado. Se permitió sonreir durante un segundo. Coloco su único ojo sobre la mirilla y siguió esperando la orden.


Smallville, Kansas
18:30. Miercoles 18 de septiembre de 1957

Martha termino de hacer las compras de la tarde en la tienda de ultramarinos. Le encantaba charlar con la buena de Gloria. Recogió sus bolsas, se despidió de Gloria y las cargo en la furgoneta. Le encantaba conducir. La sensación de libertad que le producía, no tenía precio. A Jonathan no le hacía tanta gracia que condujera. Era un viejo carcamal. La sociedad estaba cambiando, y ella no podía quedarse sentada. Se acordó de Jonathan estaría en la granja terminando de recoger y limpiando las herramientas. La estaría esperando, pacientemente. Le daría un beso, una zurra en el trasero y le guiñaría un ojo. Siempre lo reprimía por hacer eso, pero en el fondo le encantaba aquel juego. Prepararía la cena y esperarían a Clark. Cuando pensaba en su hijo, era imposible no sonreir. Era la luz de su vida. Cayo del cielo y les dio la mayor de las alegrías. Sabía que la cigüeña no lo trajo de París. Pero no le importaba. Su hijo era todo para ella. Y para Jonathan. Cuando lo recogieron de aquella cosa, y huyeron a Kansas, se pegaban las noches enteras contemplando como dormía. Parecía un ángel. Era su ángel.

Iba a conectar la radio. Quería escuchar algo de música, mientras conducía hasta casa, cuando en el cruce, vio a una joven de pie al lado de una furgoneta. Del motor de la furgoneta salía un humo blanco e intenso. Vio como la joven se giraba al oír el ruido del motor que se aproximaba. Le hizo señas. Martha no sabía que hacer. Sintió una punzada de miedo. Jonathan le había dicho que tuviera cuidado. Que estarían buscando a Clark. Pero llevaban más de 10 años y no le habían encontrado. Quizás, quienquiera que le buscase, habría desistido. Cada noche miraban al cielo, pensando que los “verdaderos” padres de Clark venían a buscarle. Pero los que más le asustaban eran los militares. Las historias de OVNIS y extraterrestres se habían disparado esos últimos años. Cada mañana al despertar, iba al cuarto de Clark y daba gracias al señor porque siguiera ahí.

Se decidió a parar. Una vez estuvo en la misma situación y le fastidiaba ver que la gente ni siquiera le preguntará que le ocurría. Freno el coche, pero no apago el motor. Debía ser cauta. Bajo la ventanilla y vio como la joven se acercaba al cristal.

-Hola, ¿Qué te ha ocurrido? ¿quieres que te acerqué a Smallville o que avise a mi marido para que miré el motor?- Martha sonreía con franqueza. La joven era alta, rubia y muy guapa. El sueño de cualquier hombre. O la hija que toda madre podría desear. Tenía una sonrisa casi perfecta. Se acercaba despacio.

-La verdad es que la estaba esperando Sra. Kent.- Martha no supo nunca de donde sacó el arma.Un segundo estaba mirando a la chica y al siguiente vio el cañón de una pistola apuntándole. Martha sintió rabia y dolor, pero sobre todo miedo. Mucho miedo. Miedo por su pequeño Ángel.

Smallville, Kansas
18:45. Miercoles 18 de septiembre de 1957

Clark se acercaba despacio. No sabía el qué, pero algo pasaba en la granja de los Kent. Lo primero que notó, fue la ausencia de ruido. Habitualmente los animales de la granja, montaban mucho escándalo. Y sobre todo, Krypto. Parecía tener superoído. Era capaz de saber que venía por muy silencioso que fuera. Pero esta vez, no oía sus ladridos. Algo raro pasaba en su casa. El miedo empezó a apoderarse de su estomago.

Cuando llego a la puerta de entrada a la granja, comprobó que la furgoneta no estaba. Su madre no se encontraba allí. Eso le tranquilizo. Quizás su padre se había llevado a Krypto al veterinario, y por eso no oía sus ladridos. Quizás se lo había llevado a dar una vuelta con el caballo.

-Si, quizás. Y quizás yo me he dejado llevar por los miedos de mi madre.- Pensó Clark, mientras comenzaba a subir las escaleras del portal de su casa.

La casa estaba desierta. No había nadie. Y todo estaba tal y como lo había dejado esta mañana. No habían robado nada. Pero el miedo empezó a apoderarse de su cabeza. Con pasos vacilantes, se aproximo al granero. Allí tenía su cuarto de estudio. Su fortaleza de la soledad, como lo llamaba su padre. Podía pegarse horas y horas mirando al cielo, y leyendo todos aquellos maravillosos libros. Pasaba horas hablando con Lana, arriba en su pequeño rincón. Aquellas tardes eran maravillosas. Y a partir de aquel día, lo serían aún más.

El miedo lo cogió por el cuello y le estranguló todas las ilusiones. Se encontró a su padre con un subfusil apuntándole a la cabeza. Estaba rodeado por 7 soldados. La visión lo paralizo de tal modo, que no fue capaz de articular palabra. El sargento del pelotón lo hizo por él.

-Pon las manos sobre la cabeza y tumbate en el suelo. Haz lo que te decimos, y tu padre no saldrá herido. Sabemos que eres.- Remarco el que con desprecio.- Sabemos de lo que eres capaz. Pero no creo que seas tan estúpido y sobre todo tan rápido, para intentar una tontería.

No podía creer que aquello fuera cierto. Durante muchas noches, había escuchado llorar a su madre, sin que ellos lo supieran, sobre el miedo que tenía si llegaba este momento. Sabía que podría llegar, pero se veía capaz de defender a sus padres. Debía ser capaz. Era más fuerte que varios hombres juntos. Era más rápido que las locomotoras eléctricas. Era mejor que ellos, pero no sabía que hacer. No estaba entrenado para dañar a nadie. Sus padres siempre le decían que la violencia no era la respuesta. Quizás se equivocaban. Debía intentar algo. Pero el miedo, seguía sujentadole con fuerza y le impedía moverse.

-Clark, hijo. Haz lo que te dicen. No intentes nada. Es mejor así. No quiero que salgas herido hijo. No podría soportarlo. Por favor, calmate y todo saldrá bien.

La voz de su padre sonaba lejana. Le tranquilizó. Pero no podía evitar pensar que debía hacer algo. Podía acabar con aquella estúpida situación en dos segundos. Miró el rifle que apuntaba directamente a la cabeza de su padre. Ese debía ser el primer movimiento. Apartar el rifle y sacar a su padre a la máxima velocidad. Lo pondría a salvo, y volvería para encargarse de los soldados. Después se preocuparía de buscar a su madre.

Sonrío y se preparó para su primera actuación. Solo oyó un “¡HIJO NO!” de su padre y un extraño silbido que venía de atrás.


Smallville, Kansas
18:45. Miercoles 18 de septiembre de 1957

-¡FUEGO! ¡FUEGO MALDITA SEA!!

Había miedo en la voz de aquel sargento. Y él no toleraba el miedo. Y menos que le gritasen. Aquella nenaza moriría gritando. Nadie le gritaba al oído. Casi le desconcentra. Casi. Apenas recibió la orden, efectuó el disparo. Apenas sintió un leve empujón en su hombro. El retroceso fue absorbido por aquel extraño rifle. Casi parecía alienígena. Los técnicos le dijeron que la bala estaba compuesta por un material extraño. Sería capaz de dañar a aquel ser. Apunto al hombro izquierdo. El disparo sería preciso y certero. Le incapacitaría el brazo y lo tumbaría al suelo. El dolor que sentiría lo dejaría inconsciente durante una hora. Si fuera un hombre normal, aquella bala de ese calibre le arrancaría el brazo de cuajo. Pero aquel ser no era normal. Decían que podría soportarlo. Aquello no le parecía nada normal. Tendría que verlo con su único ojo.


Smallville, Kansas
18:47. Miercoles 18 de septiembre de 1957

El dolor que sentía en la mano, no era comparable al dolor que sintió al ver a su padre tumbado en el suelo con el pecho abierto como una flor. Yacía tumbado boca arriba. La boca abierta con la palabra ¡Hijo No!, aún en sus labios. No podía creer que aquello estuviera ocurriendo. Su padre había muerto. Delante suyo y por su culpa. Al oír el ruido, se giró. Logro ver la bala, venía directa hacia él. Se aparto para evitar la trayectoria. Pero se dio cuenta de que iba hacia su padre. Sin pensárselo dos veces, intento coger la bala con la mano. Se la atravesó limpiamente. El dolor era lacerante e intenso. La herida tenía un color verde fosforescente. Parecía que se le iba a pudrir la mano. Pero al ver a su padre muerto, su mundo se volvió del revés.

En un instante se encontró arrodillado al lado de su padre. Las lágrimas le brotaban de los ojos sin control. Oía a los soldados gritar ordenes. Le apuntaban con las armas. Se movían sin parar, gritando y gritando. Todo le daba igual. Su padre había muerto por su culpa. Le daban igual las armas, los gritos, los soldados, todos. Solo querían que se callarán. Un grito, profundo, amargo, desde el fondo del alma, pugno por salir por su garganta. La rabia contenida exploto en un grito aterrador. Los soldados soltaron las armas, se llevaron las manos a los oídos. Algunos de ellos comenzaron a gritar también. Pero el grito de Clark los eclipso a todos. Cuatro de ellos, comenzaron a sangrar por los oídos. Uno se agitaba compulsivamente. Otro consiguió arrastrase fuera del granero. El sargento cayo de rodillas, sin tener tiempo siquiera a taparse los oídos. Fue incapaz de oir su propio grito.


Smallville, Kansas
18:47. Miercoles 18 de septiembre de 1957

-¿Pero que demonios es ese ruido?- consiguió articular Luthor, mientras se llevaba las manos a los oidos.

Joker le indico con la cabeza que no tenía ni idea. A medida que se acercaban a la granja de los Kent, aquello iba en aumento. El convoy freno la marcha. Cuando el grito cesó súbitamente.

-Dios, ya era hora. Joker, pide un informe de situación.

-Joker a chico de acero, Joker a chico de acero. ¿Me copias?. Solicito informe de situación.- Joker lo intento un par de veces más. Al final desistió y contacto con el francotirador. La situación era mala. Muy mala. La boca del Joker perdió su sonrisa.

-Deathstroke me informa que efectuó el disparo. La situación se volvió delicada. Parece ser que el chico consiguió esquivar la bala, pero mató a su padre. De ahí el grito.

Lionel Luthor sopeso la situación. Jugueteo con su mano izquierda con algo que llevaba en el bolsillo. Se llevo la mano derecha al mentón. Una sonrisa floreció en su rostro. Tras la sonrisa vino una risa floja. Después vino una carcajada. Y tras la carcajada, una risa aterradora y terrorífica, digna de un villano de opereta. El joker comenzó a reir. Aquello parecía el pabellón de los locos.

-Dios mío es perfecto Joker. Perfecto.- Consiguió articular Luthor mientras se ponía el anillo en su mano derecha.


Smallville, Kansas
18:49. Miercoles 18 de septiembre de 1957

El espectáculo era dantesco. Los soldados yacían en el suelo muertos. El chico extraterrestre seguía abrazado a un padre destrozado por la bala. El pobre bastardo no debió sentir dolor. La espina dorsal le saltaría en mil pedazos antes de que el cerebro pudiera procesar la información. Casi se compadeció de él.

-Chico, oye chico. Aquí. Mira lo que tenemos.

Clark giró la cabeza. El odio y la rabia de su rostro se convirtieron en desesperación y terror cuando vio a su madre encerrada en una jaula de un extraño color verde. Se sentía extrañamente cansado y débil.

-Ves estos barrotes, son del mismo material que la bala que te ha atravesado la mano. Es imposible que salves a tu madre. Y la verdad, te necesitamos más vivo que muerto. Así que pon las cosas fáciles, y ríndete.

Clark vio a su madre arrodillada llorando. Lo miraba con dulzura y odio a la vez. Su padre había muerto por su culpa. Nunca podría perdonárselo. El mejor hombre que había conocido. No podía dejar que le ocurriera eso a su madre. Se levanto con la mano apretada contra su cuerpo. Apenas podía moverse. Lionel luthor se acerco a él. Tenso su mano derecha. Y le soltó un gancho de derecha lleno del odio, de la rabia y la frustración de aquellos 10 años persiguiendo quimeras.

-Ya eres mío, maldita escoria extraterrestre.

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